Y a la tercera fue la vencida

El maratón de Valencia de 2015 lo recordaré siempre como el primero en el que bajé de las tres horas y media (3h 27’14” – Media 4’55”). Muy contento con el tiempo y, sobre todo, con las sensaciones finales. Aquí es donde se ve el esfuerzo de todas estas semanas de entrenamiento. Viéndolo ahora con cierta perspectiva, el hecho de correr solo y pagarte palizas de más de 20 y 30 kilómetros, tu solo con tus piernas y tu cabeza te hace cada vez más fuerte. Sólo estás tú para aguantar lo que viene, haz lo que sea, pero aguanta y no pares. Al fin y al cabo, es lo que sucede en la carrera. Como curiosidad, repasando el diario, nos podemos ir al sábado 3 de octubre (Día 48 o “Crónica de un pequeño gran éxito). Ese día, después del medio maratón de Alaquàs, hice mi apuesta del tiempo para el maratón y la he clavado. Es un ejemplo de que uno es el que mejor se conoce a sí mismo.Maratón 2015

Llegué a la línea de salida con tiempo suficiente ya que había madrugado bastante. Esta es otra de las sensaciones con las que me quedo. La noche previa al maratón es la más parecida en edad adulta al recuerdo de niño de la noche del 5 de enero, la noche de reyes. Nervios por la noche, te cuesta un poco dormirte, sólo quieres que amanezca ya… Y tanto es así, que me desperté a las 5:30 de la mañana y ya no pude volver a dormirme. Por lo que aproveché para desayunar pronto y salir con calma. Principalmente para encontrar sitio para aparcar y no ir después de los nervios. Llegué a la salida a las 8:30. El madrugón me había permitido desayunar y, hora y media después, poder comerme un plátano para tener un poquito más de energía de reserva.

Emotivo minuto de silencio antes de empezar por las víctimas de los atentados de París del viernes pasado. Nos avisaron por sms la noche de antes de esta iniciativa. Muy bien por la organización. A las 9:02, según mi reloj, pasé por el arco de salida. Mucha aglomeración para salir y el primer kilómetro tardé casi un minuto más de la teórica media de la carrera, pero había que contar con ello. Comenzaba ya la fragmentación de la carrera en mi cabeza con los 4 bloques de 10 kilómetros. Desde el principio me notaba un poco pesado. No sé si porque me quedé frío del coche a la salida, si por la recarga de hidratos de carbono que me hacía sentirme así, si por las dos cosas… El caso es que no me notaba suelto y me hacía dudar de si el muro llegaría pronto.

El primer 10.000 lo hice en 48’06, lo cual quiere decir que iba al ritmo ya que el primer kilómetro como he comentado antes lo había hecho más lento. De esta primera parte me quedo con ir por el kilómetro 7 y ver pasar a los africanos por el kilómetro 11 y pico. ¡Vaya ritmo! Yo no tenía las mejores sensaciones, pero el tiempo era bueno.

El segundo bloque me parece el peor del maratón. El hecho de volver por la avenida Blasco Ibáñez hacia la playa, para volver hacia el centro por la avenida del Puerto creo que es el más duro mentalmente. A pesar de ello, seguía cumpliendo los tiempos, 47’43”. Pude coger al práctico de las 3 horas 30′ el kilómetro 16 y me costó adelantarlo debido al grupo que iba con él y lo que se estrechaba el paseo de la Alameda con toda la gente animando a ambos lados. Para cumplir con el ritmo teórico ritmo de 4’45” por kilómetro, debía pasar por el 20 en 1 hora y 35 minutos exactos. Finalmente pasé con 49 segundos de más. Por lo que seguía yendo bien pero sin tener las mejores sensaciones.

Llegaba la tercera parte de la carrera y para mi era la clave. Dependiendo como la pasase, sabía si iba a sufrir en la última o directamente iba a morir. Este es el tramo que más me gusta. Pasar por el centro con el ambientazo que hay es increíble. Paradójicamente, y a pesar de llevar ya 20 kilómetros en las piernas, este fue el bloque en el que mejor me sentí. En el kilómetro 23 pasó por mi lado una chica, creo que era italiana, que vi que llevaba el ritmo que yo necesitaba, por lo que me puse con ella desde ese momento. Sobre el 26 la dejé un poco atrás y pensaba que si no me pasaba, era el ritmo bueno y lo llevé bastante bien. De hecho, el tiempo del 20 al 30 fue de 48’20”. Estaba en ya en el último 10.000 y la cosa aguantaba bastante bien.

Tocaba ahora pasar por otro punto clave, la rotonda que abre paso al Bioparc. Ahí el año pasado me di cuenta que ya no iba bien. Este año no fue así. Había quedado con mi compañero de maratón del año pasado para que acompañase en los últimos 7 kilómetros. Por lo que me había hecho la idea de que del 30 al 35 tenía que aguantar el ritmo como fuese. Y efectivamente fue así, había bajado ya un poco, pero notaba que podía seguir. Por otro lado, había dejado a mi eventual compañera de nuevo un poco atrás. Además, en esa zona de la avenida del Cid estaba mis amigos y me familia, y había que pasar con pinta decente de no estar muriéndote.

Encaramos ya la parte final hacia la plaza de España. De nuevo, esta chica se puso a mi lado, por lo que me marcó el ritmo. Fuimos juntos hasta el kilómetro 40. Pasar por las calles Xátiva y Colón fue de nuevo otro espectáculo con los gritos de la gente. 50’54”, el ritmo de la cuarta parte. Había bajado, sobre todo desde el 36, pero seguía aguantando. Ahora ya sabía que bajaba de las 3h 30′.

Ahora bien, el muro llegó en ese kilómetro 40. Se me hicieron muy duros los dos últimos. Incluso mi liebre me dejó atrás. Se giró para decirme que la siguiera, pero no podía más. Fueron 12 minutos de pasarlo mal por un lado, pero contento por otro, porque la sensación de derrota física había llegado mucho más tarde que el año pasado  (fue en el 35 y los 7 últimos kilómetros tuve que sufrir). Bajamos al río ¡por fin! y ya me dediqué a disfrutar y sentir el ambiente. Si en las calles anteriores había sido increíble, en el último tramo era apoteosico y ensordecedor, como animaba el público. Encaré la línea de meta y ya estaba ¡CONSEGUIDO!

Después de tantas horas de entrenamiento y de tantos kilómetros en solitario había logrado mi objetivo. Gracias a mi pareja por aguantar esos fines de semana en los que hay que salir a correr sí o sí y no hay excusa ni negociación. Gracias a mi amigo Raúl, por acompañarme en los kilómetros finales. Y gracias a toda esa gente que me ha dado ánimos para conseguirlo. El año que viene… Ya veremos si hay o no maratón, pero cuesta tanto pensar en no vivir este día, pese al esfuerzo que conlleva, no quiero perdérmelo. Costaría tanto de niño no imaginarte que la noche del 5 de enero no llega…Final del maratón

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. No me cansaré de felicitarte!!

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